BIRDHUB::: “El underground es la verdad… y la honestidad”

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Birdhub lo sustancian Helga Blanco y Xalo Gayoso, dos jóvenes músicos gallegos que se conocieron en el Conservatorio Superior de A Coruña; han trabajado ininterrumpidamente en distintos ámbitos artísticos -electrónica, multimedia, música para publicidad, cine e instalaciones artísticas-; a través de su anterior proyecto -léase, Sub Rosa- sacaron dos discos con el sello Discos da Máquina, (que les supuso el reconocimiento de crítica y medios, ganando los Premios Gallegos de la Música y llevándoles a la final de los premios MIN de la música independiente) y que ahora, bajo su nuevo aka Birdhub, publican ‘Die-’ -su primer larga duración- en el exquisito sello Sofa Tunes, que supone la novena referencia de dicha discográfica independiente nacional. ‘Die-‘ es la primera parte de ‘Dietrich’, un binomio musical en el que Birdhub nos propone una exploración de lo emocional, de los contornos entre lo primitivo y lo onírico, experimentando con diferentes géneros electrónicos-entre los que destacan el downtempo, ambient, trip-hop, broken-beats, dub, micro-house, illbient, etc.- -y todo ello siempre con un fondo, su alma: el pop.

Texto: Fernando Fuentes

-Alo Birdhub, sabemos que tras este nombre hay dos nombres: Helga Blanco y Xalo Gayoso… ¿pero, para los más profanos en la materia, quiénes sois y de dónde venís?

Xalo: Helga y yo nos conocimos estudiando composición en el conservatorio superior de A Coruña y al cabo de un tiempo empezamos a hacer proyectos juntos. Al principio todo eran proyectos de música más académica: historias para banda sinfónica, orquesta etc…Íbamos por las plazas escuchando bandas (en Galicia hay una gran tradición de música para banda), cogiendo ideas de otros compositores…aprendiendo, vamos. A partir de ahí vimos que nos gustaba trabajar juntos. Helga ya escuchaba música electrónica desde hacía tiempo y me empezó a enseñar historias: Antohny Rotter, electro alemán, electro clash, James Holden  (aquel maravilloso remix de ‘The Sky was pink’ – que por cierto tardé muchísimo en empezar a disfrutar-).

Helga: !Fue mas o menos así! (Risas). Yo antes de aquello había estudiado Bellas Artes. Intenté llevar las dos carreras a la vez, pero aquello era imposible. Aquel ambiente me empapó totalmente y dejé la música momentáneamente. Cuando retomé la música, la especialidad de piano no acababa de llenarme debido a la falta de creatividad y la inmensa competitividad que existía, así que cuando me enteré de que había la posibilidad de estudiar composición, me tiré de cabeza y acerté. Así que empecé composición. Tuve la suerte de encontrarme con un profesor que apoyó  mis ideas a tope. Un tío que tanto a Xalo como a mí nos marcó muchísimo y tenemos siempre muy presente. En aquellas aulas conocí a Xalo y empecé a contarle todo lo que conocía de electrónica, que en mi caso venía de lo que escuchaba cuando salía por ahí. Yo era bastante fan, con mis más y mis menos con respecto al ambiente, pero al fin y al cabo fan  de  la música. En aquel momento no tenía con quién compartirlo, así que el hecho de estudiar lo mismo y llevarnos tan bien fue un pegamento perfecto para empezar a hacer cosas juntos, empezar a experimentar. Fue un “Bueno oye, hay esto, qué podemos hacer con esto?”​ Fue empezar directamente de la nada, no teníamos casi instrumentos y lo que teníamos eran directamente plástico que hacía sonido. De música sabíamos bastante, pero de tecnología musical estábamos en la prehistoria, así que entre eso y el plástico todo era caos. Desde ahí empezamos a crear diferentes proyectos, algunos involucrando a más músicos con mayor o menor suerte.  Todos fueron fructíferos eso sí…yo recuerdo aquella época de manera increíble. Todo era experimentar, con una actitud más bien punk y buscando saltarnos todas las normas de lo convencional o lo que estuviésemos acostumbrados. Es algo que me enorgullece en cierto modo.

X: Sí, aquello fue como aprender de la nada. El primer proyecto más o menos serio era una mezcla psicotrópica de jazz, folk y electrónica, se llamaba Sintrom Licorís. Ibamos con un compañero que llevaba una bañera, de las de bañarse vamos, que había recogido en el campo, porque en el rural gallego es habitual dar de beber a las vacas en las bañeras viejas. Le dábamos la vuelta para aprovechar la cavidad como caja de resonancia y con unas baquetas sacaba un sonido impresionante, se fusionaba genial con la electrónica. De aquella vivíamos todos en una casa a las afueras de Santiago de Compostela, así que éramos como una comuna creativa ensayando a todas horas. En el primer concierto llamamos al público tocando la bañera por la ventana de una librería en la zona vieja de Santiago. La gente estaba flipando. Como te digo, la actitud era esa.

H: Tras aquello cambiamos a lo bestia, estuvimos haciendo un proyecto de electroclash que sentimos que no cuajó demasiado, pero de aquella época es ‘My Berlin’, el segundo tema de este último disco. No se parecía en nada, parecía que estábamos dopados con los bpms, pero de ahí sale, al fin y al cabo. Cuando nos cansamos hicimos varios proyectos de paisaje sonoro. Ahora está de moda y hasta se le ha pasado la moda, pero de aquella poca gente trabajaba esas historias. A nosotros nos venía por los pioneros de la electrónica, que no hay que olvidar que fueron músicos con formación clásica, toda la gente que salió de los estudios de la radio de Colonia (Stockhausen, Schaeffer) y que empezó a trabajar con cintas, creando obras muy interesantes para la época. Definiendo lo que era el objeto sonoro.

X: Parece increíble que las discusiones fuesen esas…

H: Así que trabajábamos muchísimo las grabaciones de campo, nos tirábamos horas creando texturas… todo con unos medios muy limitados.

X: Y poco después montamos Sub Rosa, que fue un poco el proyecto que decidimos que tuviese una vocación de trabajo acabado, preparar un disco con toda la experiencia que habíamos trabajado…

H: Sí, compartirlo. Realmente habíamos acabado muchísimo material, pero no teníamos la sensación de haber acabado de verdad el trabajo. Nuestra vida está llena de bocetos.

-¿De qué forma influye en vuestro sonido actual vuestra anterior aventura sonora como Sub Rosa?

X: Es una pregunta difícil…Quizás habría que ponerse en contexto. Fue hace cuatro años. Escuchábamos muchísimo Fuck Buttons, Dan Deacon, y el último disco de Sigur Ros, así que bebíamos mucho de aquel sonido. La idea del grupo era mezclar electrónica con instrumentos acústicos en vivo, especialmente de percusión (vibráfono, toms acústicos, xilófonos, etc). No era nada nuevo, pero queríamos trabajar el proceso en vivo de la señal de una manera realmente creativa. Además en el set incluíamos piano, sintetizadores y voz, claro. Trabajábamos siempre con estructuras tipo embudo, siempre creciendo, que era lo que más nos pedía el cuerpo y lo más parecido a lo que escuchábamos (estoy pensando especialmente en Fuck Buttons, que siempre estructuran la música de esa manera).

H: Buscábamos aportar a la electrónica toda la organicidad de los instrumentos de percusión. El vibráfono era fundamental, aportaba las ideas melódicas de tipo minimalista, añadiendo nuevos motivos a partir de una célula generativa que va agrandándose y generando nuevas melodías. Todo estaba muy ligado a la improvisación, pero de una manera muy controlada. Esa era la misión del percusionista que iba con nosotros. En nuestro caso estábamos más limitados, llevábamos el peso de la electrónica pero nos seguían faltando cacharros.

X: El problema es que siempre nos hemos visto más compositores que músicos de directo, pero al mismo tiempo odiamos aburrirnos en directo tocando cuatro notas o disparando samples. Y aquello era bastante lo que hacíamos en aquel momento con la parte de la electrónica. Tocábamos poco y el proceso de la señal acústica se hace prácticamente sólo, así que los conciertos nos resultaban tediosos en la parte de electrónica. Por eso tocar más instrumentos nos divertía enormemente.

H: Era una performance que me encantaba. Nos íbamos rotando pasando todos por todos los instrumentos, a veces tocándolos entre dos o tres, como cuando tocábamos con arcos el vibráfono, para sacar esos sonidos estilo ballena o viento… Era lo más divertido. Estabas súper atareada y tremendamente concentrada en sacar sonido de un montón de instrumentos que a lo mejor no los tocabas genial, pero con los que te ibas apañando, porque trabajabas sobre lo que hablábamos antes, células simples, básicas, a partir de lo cual ibas construyendo.

X: Yo creo que el problema de los lives de electrónica es un signo de nuestra época. Encontrar el equilibrio  entre lo que llevas de casa y lo que puedes tocar. La propia configuración de la música electrónica, hecha generalmente por pocas personas, aisladas, y que no tocan con otros músicos, hace que sea difícil, por no decir imposible, tocarlo todo. Al mismo tiempo quieres que la gente escuche tu trabajo, no improvisarlo todo. Quieres que escuchen las progresiones, los motivos, que escuchen tu disco pero de manera viva. Si no cuentas con muchos músicos en plantilla y un presupuesto enorme la solución es complicada. Cada músico encuentra su solución, y las hay memorables, como James Holden, que en la última gira iba con un batería de jazz, un saxofonista y un modular.

H: Eso fue el primer Sub Rosa. Sacamos un EP, ‘Akureyri’ con cuatro temas que duraba cerca de 40 minutos…No nos conocía nadie, pero el disco tuvo una cierta acogida. A los tres o cuatro meses sacamos otro disco, ‘Vagalú’. Fue una tormenta. Estábamos muy cargados con historias emocionales así que nos encerramos a componer como locos.

X: Fue como un ritual…

H: En nuestra casa entraba muchísima gente, parecía un centro cultural, pero estábamos muy desgastados. La gente que teníamos alrededor no era tan vehemente como nosotros a la hora de trabajar y cuando rompimos con todo estábamos ya un poco debilitados. Tampoco teníamos muchos apoyos, ni demasiados referentes de la escena local de electrónica. Casi todo era rock y folk, así que era difícil estrechar lazos. En aquel momento estábamos con un sello formado por grupos de diferentes orígenes y estilos, casi todos hacían rock, es lo que más hay en Galicia.

X: Eso creo que explica un poco la deriva a nivel de sonido que tuvo ‘Vagalú’. Son cosas que pasan cuando haces música… No eres inpermeable. Lo que tienes a tu alrededor te afecta, te influye.  Yo a veces lo pienso mucho…Tú eres un conglomerado de movidas.

H: Tienes un background…

X: Claro. Como músico no eres sólo capaz de hacer x o z, puedes hacer muchas cosas distintas, meterte en territorios distintos. Y en ese momento nos sentíamos agotados, con las ganas que decías tú de romper. Así que creo que eso fue lo que hizo que el foco se fuese a un lugar totalmente distinto. Se fue a los Pixies, a TAB, se fue a Jesus and Mary Chain…

H: Yo creo que estábamos con la necesidad de rebelarnos, estábamos en una época incómoda. Creo que ya estábamos pensando en marcharnos. Había algo que no cuadraba, había un punto de protesta. Llevábamos mucho currado por detrás y la sensación de que todo el esfuerzo se había ido por la borda. Así que la sensación era enfado, y cuando uno está enfadado necesita gritar y no gustar.  No necesita gustar, necesita no gustar. Porque hasta en el no gustar hay un cierto placer por parte del artista, creo que inconsciente. Quiero que me insultes. Creo que necesitábamos ver dónde estaban los límites, probarlo. Yo por lo menos personalmente creo que necesitaba eso.

X: Claro, aquello fue un cambio totalmente radical. La poca gente que nos conocía, a nivel local, no se esperaba aquel sonido.

H: Aquello era bastante agresivo. No gustó.

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-¿Y por qué no seguisteis como Sub Rosa y pasásteis a ser Birdhub?. Bajo el aka de Sub Rosa ganasteis Premios Gallegos de la Música y estuvisteis en la final de los premios MIN de la música independiente… ¿no es bagaje demasiado bueno como para dar carpetazo final a aquella época como Sub Rosa?

X: Pues un poco porque aprendimos de aquella experiencia. Entendimos que  sacas un  material, la  respuesta inicial de tus oyentes es a esperar algo que, aunque pueda romper o evolucionar, va en el mismo sentido. Te puede gustar más o menos, pero es así. Se suele identificar lo que haces con quién eres, así que en ocasiones es mejor cambiar, lejos de las expectativas que los demás puedan proyectar sobre ti. En aquella ocasión se esperaba un disco que nunca llegó y acabamos sintiéndonos en una isla. Esa sensación se ha repetido en muchas ocasiones.

H: Sí, aquello fue un fracaso muy satisfactorio. Pero, qué es el fracaso y qué es el triunfo? Es que eso da para mucho. Fracasar, ¿por qué? Más bien ser consciente de quién eres tú, en qué lugar te encuentras. Más bien es una llamada de atención, de ti hacia ti.

X: Sí, porque al final el hecho de que un disco vaya mal, algo que no puedes controlar, te lleva a preguntarte: ¿Era yo el que estaba allí? Puede parecer una reflexión prepotente, pero siento que tiene algo que ver. Sentirte centrado, con perspectiva. Cuando estás en el proceso no eres demasiado consciente de nada. Uno al final es visceral, hace lo que realmente el cuerpo le pide y no hay más, pero es verdad que siempre te queda esa duda. Y sin embargo, con ese disco, y no con el primero, ganamos los Premios Gallegos de la Música…

H: Yo creo que fue un poco por capital acumulado… Pero sí, fue así. Un premio muy bonito porque venía de la propia industria, de los músicos, promotores etc…Que valoraron que el disco estaba bien, aunque el sonido no gustase.

X: Por otra parte, tras aquella hostia, nos dimos un periodo muy largo de reflexión. Nos cambiamos de ciudad, encadenamos trabajos de mierda durante un año. A partir de un determinado punto sentimos que la cosa había evolucionado hasta un punto que no tenía  nada que ver, ni con el primer EP ni con el disco, así que era totalmente absurdo seguir con el mismo proyecto. Realmente habíamos cambiado.

-Sois gallegos, pero vivís en Madrid… ¿es por razones profesionales? ¿Sigue siendo un importante hándicap estar fuera de Madrid y Barcelona a la hora de conseguir abrirse un hueco en las lides de la música electrónica underground nacional?

H: Cuando nos vinimos fue con la ilusión de que aquí podríamos desarrollarnos más. Como te comentábamos en Galicia la electrónica underground prácticamente no existe. Además, necesitábamos un cambio.

X: Además de producir tenemos la suerte de poder vivir de la música dando clases. Allí nos era difícil dar las clases con las que soñábamos. Estar en Madrid sólo cambia que hay más masa de gente, y eso ayuda a que, a partir de un punto, determinadas propuestas se puedan entender y contextualizar mejor porque hay más movimiento. Aquí hemos iniciado con una compañera pianista un proyecto muy bonito de clases en el que combinamos el aprendizaje de piano, armonía y lenguaje musical, con producción musical, composición, etc. Tenemos alumnos desde los 7 años hasta los 70, y resulta realmente fluido.

H: Cuando llegamos pensábamos que Madrid era de los madrileños…Y resulta que no tiene nada que ver. De toda la gente que conocemos, sólo el 10 o el 15% son de la capital. El resto es gente que se ha venido a currar, a buscarse una oportunidad, igual que nosotros. Eso hace que  la ciudad sea muy dinámica. Al final es una cuestión de masa crítica.

-Por cierto, ¿os gusta que os califiquen de undergrounds?

H: A mi me flipa. Pero, ¿Qué quiere decir underground? A mi modo de ver tiene que ver con controlar todo el proceso de creación, que siempre me pertenezca, que nunca pertenezca a otros del todo. Que sea mi esencia, parte de mi biografía. No quiero escuchar música que supuestamente he hecho yo y tener la  sensación de que es algo ajeno. El underground es la verdad.

X: La honestidad.

H: Es cambiar no porque otros quieren que cambies, es cambiar cuando tú realmente quieres. No sentirte pervertible al cambio, sino que el cambio venga con el tiempo y porque tú necesitas otras cosas. Creo que luchar por tu camino y por tu lugar, renunciando a veces a ganar dinero o conocer a tal y cual, y el tener muy claro qué es lo que tú quieres es lo que hace que tú te consideres underground. Porque es lo que guía tu sonido. Y es lo que le da esa peculiaridad. Si tu permites que otros decidan sobre el acabado de tu música, al final tu voz es la misma que la de todo el mundo. ¿Dónde queda tu seña?

-¿Por qué publicar este primer álbum en un sello como Sofa Tunes?

H: !Porque son tan idealistas como nosotros! Son gente entregada, entusiasta y volcada en la música. Cuando les mostramos por primera vez nuestro trabajo, de aquella inacabado, podían haber tenido una actitud más del estilo de: “Chicos, está bien pero tenéis que seguir buscando y presentarnos algo más definido”. Creo que intuyeron lo que había de fondo en aquellos bocetos y fueron un gran apoyo para acabar lo comenzado. Allí estuvieron esperando. Cuando volvimos meses después con muchos temas nuevos, fue como una reunión de viejos amigos.

X: Nos había surgido la oportunidad de sacar un Ep con un pequeño sello de un conocido pero por problemas de agenda la cosa se empezó a retrasar, así que les propusimos a Sofá Tunes sacar con ellos el material y no demorarlo. Tuvimos como un arranque muy nuestro y dijimos: !Esta gente nos ha apoyado a muerte en un momento dado, hay que intentarlo! Teníamos la duda de si encajaría el nuevo material, una vez más éramos una isla. Esta isla está sola en medio del pacífico y no hay archipiélagos cerca.

H: Podía ser que nos hubiésemos alejado demasiado, que nuestro lenguaje tan personal no encajara con ellos.

X: Lo impresionante para mi de Sofá Tunes, de todos los releases que han sacado, los nueve con nosotros, es que en todos y cada uno de ellos veo una apuesta. Se dejan sorprender.

-Ahora sabemos que este ‘Die-‘ es la primera parte de un proyecto llamado ‘Dietrich’… ¿quiere decir que tras este álbum de debut habrá un segundo que se llamará ‘Trich’? ¿Se puede avanzar algo ya del mismo?

X: Tenemos mucho material que no hemos sacado en este disco porque sentíamos que no había madurado. Una vez acabados, siempre procuramos dejar los temas un tiempo en “barrica”, viendo qué tal les afecta el tiempo, porque sabemos que cuando los acabas no eres objetivo. Ves el material distorsionado: mejor o peor de lo que es, pero nunca como es. Al final necesitas estar limpio de esa emoción que te llevó a componerlo para poder ver si realmente transmite algo, si habla. Así que una parte del material está madurando y la otra por componer. Estamos aprendiendo de este disco, de la recepción que está teniendo la gente, de sus comentarios. No es algo que nos quite el sueño, pero sin
duda te hace evolucionar.

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-A través de este ‘Die- nos proponéis una exploración de lo emocional, de los contornos entre lo primitivo y lo onírico y lo hacéis experimentando con diferentes géneros electrónicos-entre los que destacan el downtempo, ambient, trip-hop, broken-beats, dub, micro-house, illbient, etc.- -y todo ello siempre con un fondo, su alma: el pop… ¿o es más el soul?

H: Pues la verdad es que yo nunca me lo he planteado en términos estilísticos, creo que más bien es una reminiscencia de todo lo que hemos escuchado, mezcla de pop y soul, sin saber dónde están verdaderamente los límites, sólo piensas: esto que escucho me transmite algo..

-Vuestro sonido parece muy orgánico, ¿hasta qué punto es todo real, de verdad, en el sonido de Birdhub?

H: No puede ser ni más real ni más falso: esto es lo que podemos hacer en este momento. La cacharrada que tenemos es poca y aún sin acabar de pagar, un piano, nuestra voz…eso limita las posibilidades -o las amplía, depende de por dónde lo mires-.Todo lo que está ahí está tocado por nosotros, improvisaciones, estructuras de acordes, líneas de bajos…

X: El 95% es totalmente nuestro. Hemos usado muestras, naturalmente. Alguna que  nos ha gustado para nuestras bases, pero usadas libremente: reconvertimos, sampleamos, destrozamos breaks, dándole vueltas precisamente para conseguir organicidad.

-En vuestros temas utilizáis diferentes planos vocales, ¿hasta qué punto la voz es importante en vuestro sonido? ¿Lo consideráis un instrumento más?

X: No, no es un instrumento más. Yo respeto que existan otros tratamientos de la voz dentro de la electrónica, en un segundo plano o muy tratada. Hay verdaderos cracks llevando esa manera de trabajar muy lejos, pero en nuestro caso no es así. La vemos en un primer plano: cuenta cosas, tiene un sentido, resume todo lo que está por detrás. Es importante diferenciar esa voz que te cuenta cosas de lo que son las voces secundarias, que generan estructura, texturas y ambientes. La voz en primer plano te apela directamente, te trasmite algo directo, con significado, a través de letras, de ideas. Eso sí, su sonoridad  se puede entender de modo instrumental, a un nivel sonoro.

H: Yo creo que conviven ambos planos: la voz como búsqueda sonora a través de los fonemas, las acentuaciones y la dimensión de la frase por un lado y  el significado y la expresión mediante el verso dentro del contexto por el otro. Las texturas densas de voces repetitivas creo que son algo muy nuestro que demuestra una pasión por los coros y contrapuntos vocales.

-Otra de las constantes son los ritmos fragmentados sobre líneas de subgrave y, sobre todo, unas instrumentaciones acústicas de pianos, cuerdas y sintes que contribuyen a generar un tempo evasivo donde la forma rompe y se diluye. ¿Lo tocáis todo vosotros? ¿Sois tan buenos músicos?

X: Nosotros somos teclistas: todos los sintetizadores, pianos, etc… están tocados por nosotros. Las cuerdas y demás están tocados mediante dispositivos midi. !Ojalá pudiésemos tener un estudio y meter una orquesta de cámara a grabar!

H: Sí que es cierto que empleamos samples para generar texturas o paisajes sonoros de fondo que nosotros no podemos grabar. Casi siempre reincidimos en sonidos que nos gustan y con los que nos sentimos más identificados. Las estructuras sobre las que construir capas y texturas suelen ser pianos grabados, texturas de cuerda o de sintetizadores concretos que siempre usamos a lo largo del disco. La verdad es que estamos muy acostumbrados a tocarlo todo, cambiar de instrumentos, repitiendo incluso líneas sin que aporten nada…al tratarse de bucles sobre los que construir, diseñas motivos que evolucionan lentamente respetando la estructura. A veces te dejas llevar y es un caos, tienes que ponerte un marco para poder determinar un lenguaje concreto. El oyente necesita la repetición para memorizar y
comprender y de esa manera poder participar.

-Respecto a vuestras letras a veces parecen querer ser sonidos, ¿estamos en lo cierto? ¿Por qué sucede esto?

H: Sucede porque realmente hay una búsqueda consciente -y todavía sin acabar de desarrollar- de la musicalidad y sonoridad fonética propia de las palabras, más allá de su significado. Cuando se emplea una lengua extranjera para cantar resulta más sencillo percibir ese plano. Es algo que vamos a seguir desarrollando y experimentando en el futuro.

-¿Cómo es repartís el trabajo compositivo? ¿A pachas todo? ¿Las letras son de Helga?

H: El hecho de tener perfiles tan similares, por no decir casi idénticos, nos lleva a compartir el espacio de trabajo a menudo. A partir de una idea que puede surgir conjunta -o no-, nos ponemos a trabajar, a veces juntos, a veces completando el trabajo que el otro comenzó. Nos centramos en sumar nuestras capacidades posibilidades, con todo lo bueno y lo malo. Solemos hacer los temas por capas. Yo soy más de timbres, Xalo de estructuras, a mi me gusta escribir poesía, a los dos nos encanta componer melodías y motivos para empezar algo…Hemos sumado, hemos intentado llegar siempre a un acuerdo, desde el principio, un discurso fluido, con conflicto y reflexión, pero es que eso es necesario para hacer algo a pachas.

-Este ‘Die-‘ contiene temas, como ‘Discola Diva I’ que es un himno -entre el pop, la IDM, y los broken-beats- y en el que la voz (o voces) de Helga atemperan una base inacabada que tenía forma de introducción. ¿Es cierto que necesitasteis hacer treinta versiones para al fin dar con ella?

H: Yo creo que necesitó treinta capas…

X: (Risas) ¿Necesito o necesitó treinta capas?

H: (Risas) Necesitó treinta versiones para después quitárselas todas….veníamos de una búsqueda dentro de lo instrumental, de ruptura y fragmentación a través de la percusión. Cuando metimos la voz, todo se fue a la mierda. La voz está cargada de contexto, imágenes….no es tan sencillo, sobre todo cuando nunca lo has experimentado. En aquel momento era imposible.

X: De hecho, es como si hubiéramos descubierto la forma del tema sin buscarla, a posteriori​, descubrimos su forma en el tiempo. Empieza de una manera y va mutando sin darte cuenta. Tienes la sensación de haber ido juntando piezas que se agruparon a expensas nuestra.

H: El hecho de trabajar la música de forma vertical nos limitaba profundamente a la hora de añadir la voz. Si empleas un trabajo de instrumentación “clásico”, en el que cada nota o notas de los acordes son tocados por un instrumento en concreto, acabas llevando la voz demasiado a tierra. Y nosotros queríamos que se moviera. Si el resto de elementos se mantienen estáticos no puedes experimentar. Tiene que moverse todo, contrapunto en todas las líneas, confluyendo entre ellas. Creo que eso es lo que estamos buscando.

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-También nos llama la atención ‘My Berlin’ con su piano y Xalo declamando al más puro estilo spoken-word… ¿Es vuestro Berlín, el nuestro, el de la Dietrich?

H: !Es el Berlín de todos! (Risas)

H: Creo que Berlín significó mucho para nosotros en un momento determinado. Fuimos al poco tiempo de conocernos y  vivimos experiencias realmente interesantes. Los conciertos improvisados de grupazos de electrónica, poder conocer a otros artistas con toda la naturalidad del mundo…Disfrutamos de una ciudad viva y dinámica que te hacía despertar. Aquello fue ver un mundo que no tenia nada que ver con el nuestro. Una aventura….todo el mundo tiene un Berlín, donde en cualquier momento pasa algo.

-También ‘Wanderings’ con esa base industrial sobre la que crece una humeante y quebradiza distopia urbana, ¿es también uno de vuestros temas propios favoritos? ¿Cuáles son?

X: Sí, sí que es uno de nuestros temas favoritos…Es difícil hacer una selección porque hay muchos tipos de temas dentro del disco. Quizás nuestros favoritos sean ‘Donatello chez les fauves’​, ‘Wanderings’​, ‘Void’​ y ‘Díscola Diva II’​…Sí, quizás esos sean nuestros favoritos, son con los que estamos más contentos por su búsqueda, originalidad y porque representan un universo dentro de sí mismos.

-Finalmente destacamos ‘Barefoot in a fog’ con ese house technificado e indolente que busca aire, un lugar por donde expandirse y explotar de emoción. ¿Es aquí dónde el soul y el pop se diluyen más sobre la electrónica y todo tiene así un poco más al club?

H: Sí, es un tema más de club. Pervive de nuestra etapa anterior. Un conjunto de temas instrumentales que nunca vieron la luz, pero que se convirtieron en una fuente de inspiración. Creímos que era un buen tema para airear el disco después de tanta densidad y que encajaba con el resto de temas por el uso de voces fragmentadas. Al igual que con 11, que es un interludio, queríamos proporcionar un respiro al oyente.

X: Tenemos mucha música instrumental hecha que no conseguimos encajar con este material nuevo, pero en la que aglutinamos y perfilamos  muchas ideas que más tarde desarrollaríamos en ‘Die_’.

-Cuidáis mucho todo lo referente a la imagen y lo visual, ¿sois vosotros mismos quienes lo imagináis, diseñáis y lleváis a cabo?

X: Sí, las fotos, los videos…no podíamos pagar a alguien para que lo hiciera en condiciones y bueno, lo hicimos todo nosotros. Helga se compró una cámara Diana​ para el tema de las fotos y con eso preparé el artwork del álbum. Queríamos darle un toque distinto, más vintage​, orgánico, que creímos que tenía mucho que ver con lo que podías escuchar dentro. Son fotos que buscan la poesía visual, centradas en un búnker, nuestra propia casa, dónde componemos. El tema de los videos los hacemos también nosotros, con mayor o menos acierto y con muchísimo esfuerzo. !De momento, porque estamos en contacto con un videoartista maravilloso de cara a poder llevar video al live ​y crear en un futuro algo conjunto!

-Sabemos que los temas de este Birdhub contarán en breve con unos remixeros de excepción…

H: De momento no podemos decir nada… pero en cuanto tengamos confirmaciones, !seréis los primeros en saberlo!

-Finalmente, ¿soñar con estar un año en el cartel del Sónar es pedir mucho o ya no hay límites para Birdhub?

X: Es un sueño de la hostia. Es un festival de referencia. Uno de los más vanguardistas del mundo y tenemos el orgullo de que sea aquí en nuestro país, en una ciudad increíble como Barcelona. Entonces,  claro, estar en el Sónar es para cualquier artista nacional e incluso internacional, un hito. Desde aquí lanzamos un mensaje a la gente de Sónar… os queremos mucho, a ver sí os enrolláis (Risas).

H: ….a ver si el próximo año…

X: Os enrolláis.

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