Los Rápidos/Los Burros/El Último de la Fila: Enemigos de lo ajeno… y amigos de lo propio

 

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21 años después de despedirse en La Monumental en la gira del discreto ‘La rebelión de los hombres rana’, Manolo García y Quimi Portet se dieron un baño de nostalgia para conmemorar la trayectoria de Los Rápidos, Los Burros y El Último de la Fila. Un tres en uno que invitaba a quedarse amarrado en la puerta del baile de Razzmatazz, constatando que, a diferencia de otros, su retorno temporal tiene que ver con el placer y no con urgencias económicas. La nostalgia, ese recurso fruto de unos tiempos míticos irrecuperables, alimentado por la vacuidad y el escaso carisma del paisaje actual. Entre el público, muchos personajes conocidos, especialmente del sector periodístico, como Jordi Évole, Albert Om o Queco Novell o el exfutbolista azulgrana de los 80 Víctor.

En una sala abarrotada e intergeneracional, -pese a que las canas ganaban por goleada a los imberbes-, un Manolo García pletórico desde el inicio buscó la complicidad y no se cansó de dar las gracias, siempre hablando en catalán. Siguiendo un orden cronológico, atacaron primero con Los Rápidos y luego con Los Burros, con un arsenal tan infalible como “Mi novia se llamaba Ramón”, “Portugal”, “Hazme sufrir” o “Huesos”.

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La noche iba in crescendo y la artillería pesada salió a relucir con su última y más mediática etapa musical: “Querida Milagros”, “Sara”, “Mi patria en mis zapatos”, “Aviones plateados”, “Insurrección” o “Llanto de pasión”, forzosamente convertida en medio tiempo por los rigores de la edad. Dulces sueños cumplidos de una propuesta eterna, aunque se consideren un accidente provisional. Incluso hubo un momento de protagonismo para Quimi Portet, que con su camisa floreada estilo hawaiano cantó “el hit intercomarcal” “La Rambla”.

En el apartado de las ausencias dolorosas, se echó en falta el sabor mediterráneo de “Mar antiguo” y “Cuando el mar te tenga”, así como algún tema del “Astronomía razonable”. Manolo cedió con regularidad el micrófono al respetable y Quimi reivindicó que el grupo es del Poblenou, quizás por aquello de que ‘quien pierde los orígenes pierde la identidad’. En su caso es al revés: chicos de barrio que mantuvieron humildad, talento y melodías pese al éxito y que, invirtiendo el título de su segundo disco (“Enemigos de lo ajeno”), continúan siendo amigos de lo propio. Es decir, la carga poética, el deje flamenco, su fiel parroquia y Barcelona.